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En Barcelona San Ignacio de Loyola y la iglesia Santa María del Mar

Animados por la lectura de la novela La Catedral del Mar de Ildefonso Falcones, nos llegamos hasta la Iglesia Santa María del Mar en el barrio El Born.

Animados por la lectura de la novela La Catedral del Mar de Ildefonso Falcones, nos llegamos hasta la Iglesia Santa María del Mar en el barrio El Born, uno de los barrio más populares de Barcelona.

En Barcelona nos tomamos con Ignacio de Loyola.

Un interesante descubrimiento de parte de su historia en pleno barrio de la Ribera, muy cerca del antiguo puerto de Barcelona y del popular barrio del Born donde se encuentra una de las iglesias más impresionantes de la ciudad: la Basílica de Santa María del Mar.

Su aspecto puede parecer sobrio desde el exterior, pero basta con atravesar sus puertas para descubrir un espacio amplio, luminoso y sorprendentemente armonioso. No es casualidad que sea considerada uno de los mejores ejemplos del gótico catalán y que durante siglos haya estado estrechamente vinculada a la vida de los habitantes de la Ribera.

En Barcelona, por el siglo XIV surgió el proyecto de construir un templo mucho mayor. Las obras comenzaron el 25 de marzo de 1329, y estuvieron dirigidas por los maestros de obras Berenguer de Montagut y Ramon Despuig. Lo extraordinario es que la iglesia se levantó en apenas 54 años, un tiempo excepcional para una construcción medieval de estas dimensiones. La última piedra se colocó en 1383 y el templo fue consagrado al año siguiente.

Pero Santa María del Mar tiene algo que la hace especialmente interesante: fue, en buena medida, una iglesia construida por la gente de la Ribera y para la gente de la Ribera. Comerciantes, gremios y vecinos participaron económicamente en la construcción, mientras que los llamados bastaixos, los trabajadores encargados de transportar mercancías en el puerto, tuvieron un papel fundamental llevando las enormes piedras desde Montjuïc hasta el lugar donde se levantaba el templo. La tradición ha querido que su esfuerzo quede representado en diferentes elementos de la basílica.

Por eso Santa María del Mar es conocida popularmente como la «catedral del mar», una denominación que también se hizo famosa gracias a la novela de Ildefonso Falcones. Sin embargo, arquitectónicamente no es una catedral, sino una basílica.

¿Conoces la novela de Ildefonso Falcones? Una magnífica representación de las costumbres, negocios e intereses de la ciudad condal en esa época.

Su majestuosidad nos envolvió y recorriéndola para conocerla en detalle, nos detuvimos en esta imponente escultura y el cálido espacio que lo rodea. Una capilla destinada a la oración y recogimiento.

La capilla de San Ignacio de Loyola

Dentro de esta iglesia medieval existe, además, un rincón que conecta directamente Santa María del Mar con uno de los personajes religiosos más importantes del siglo XVI: San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.

La relación de Íñigo como se llamaba el santo con Barcelona se remonta al periodo posterior a su conversión. Después de abandonar su vida anterior como caballero, Ignacio pasó por diferentes lugares antes de continuar su camino espiritual. Barcelona tuvo una importancia especial en su formación. Entre 1524 y 1526 permaneció en la ciudad durante una de sus estancias más largas. Allí estudió y preparó el camino que posteriormente lo llevaría hacia el sacerdocio y a la fundación de la Compañía de Jesús.

Durante esos años, Ignacio frecuentaba Santa María del Mar. Pero hay un detalle especialmente significativo: en este mismo lugar pedía limosna para después repartirla entre las personas más necesitadas. La actual capilla de San Ignacio se encuentra precisamente en el espacio relacionado con aquella actividad.

Y aquí aparece uno de los elementos más curiosos de la visita: la escultura de San Ignacio de Loyola realizada por el escultor barcelonés Lau Feliu Maspons.

La escultura fue realizada en 2016 y está hecha de bronce. Mide aproximadamente 1,70 metros de altura y pesa unos 200 kilos. Pero es que lo más interesante es cómo el escultor decidió representar al santo.

En lugar de mostrar a Ignacio como un personaje solemne, vestido con los atributos habituales de un santo fundador, aparece sentado, descalzo y vestido con una especie de ropa de saco, como un hombre pobre. Tiene una mano extendida, en actitud de pedir limosna, mientras que en la otra sostiene el libro de las Constituciones de la Compañía de Jesús.

La elección no es casual. La escultura pretende recordar precisamente al Ignacio que estuvo en Barcelona en aquellos años: no al fundador de una poderosa orden religiosa que conoceríamos después, sino al hombre que había renunciado a su antigua condición de caballero y que se encontraba recorriendo un camino de transformación personal.

Así lo refleja la placa que está a los pies de la escultura: «Sentado en sta grada pedía limosna San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús en MDXXIX y MDXXV»

Esta escultura muestra una faceta desconocida para muchos. Si observas bien, verás sus manos extendidas y los pies descalzos. Dicen que pidió limosna para pagar sus estudios y ayudar a los pobres. 

Un interesante e inolvidable hallazgo en esta ruta por las calles de El Born, de Barcelona.

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